¿Es posible que el turismo aporte beneficios reales a la conservación del medioambiente?

English text available at/Texto original en inglés disponible en: https://theconversation.com/can-tourism-really-have-conservation-benefits-1337

 

13 de julio de 2011 - 6:54 a. m., hora del Este de Australia

 

Muchos de nosotros esperamos con ansias esas pocas semanas que nos permiten escapar de la rutina y refugiarnos en algún asombroso destino turístico. Pero, si tenemos en cuenta el impacto que producen las emisiones generadas por nuestros viajes en el cambio climático, ¿no deberíamos quedarnos en casa?


El turismo es una de las industrias más grandes del mundo. En 2010, los arribos internacionales mundiales superaron los 940 millones. La Organización Mundial del Turismo estima que, para 2020, esta cifra podría alcanzar los 1600 millones. Resulta evidente que, para muchas personas, dejar de viajar no es una prioridad.


El turismo de masas no es para nada sostenible; por lo tanto, a menudo se promociona el ecoturismo o turismo centrado en la naturaleza como una alternativa de menor impacto. Aun así, ¿es inevitable que nuestras escapadas anuales perjudiquen el entorno natural del que deseamos disfrutar o es posible que nuestra próxima aventura genere algún tipo de beneficio sostenible para las comunidades locales y la conservación del medioambiente?


Todas las actividades turísticas repercuten tanto de manera positiva como negativa en el entorno natural, cultural y socioeconómico. Además, el impacto también se produce en distintas escalas; principalmente, a nivel local, regional y mundial.


A nivel mundial, el turismo actualmente genera cerca del 5 % de las emisiones de gas de efecto invernadero. Gran parte de este impacto (entre el 50 y el 98 %) surge de los traslados, sobre todo aquellos que se realizan en avión o automóvil. El resto es consecuencia del impacto que se produce en el lugar, relacionado con el alojamiento y las actividades recreativas.


Puede que muchos turistas cuestionen la relación entre sus vacaciones y el cambio climático. Lo cierto es que existe un vínculo muy estrecho. Los cambios en el clima no solo influyen en nuestras decisiones sobre destinos turísticos populares, como playas, islas y complejos turísticos alpinos, sino también en su permanencia.


Sin embargo, al elegir el ecoturismo, ¿es posible que nuestro anhelo de visitar lugares impolutos sea beneficioso para las iniciativas de conservación? Grupos como la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), Conservation International y el Fondo Mundial para la Naturaleza (WFF, por sus siglas en inglés) apoyan fervientemente la práctica del ecoturismo. Aun así, la respuesta no se reduce a un simple “sí” o “no”. Se trata, en todo caso, de indagar “cómo”, “cuándo” y “dónde”.


Los beneficios para la conservación del medioambiente dependen en gran medida de nuestras elecciones: el destino que escogemos, los medios de transporte que utilizamos, las actividades en las que participamos y cómo se redistribuye el dinero que gastamos.


De hecho, en el caso de muchos países, los ingresos que se generan a través de las actividades de ecoturismo son los que continúan solventando las iniciativas de conservación y sustentan a las poblaciones locales.


En muchos países en desarrollo, las áreas protegidas dependen considerablemente de los ingresos que genera el turismo. Por ejemplo, los parques nacionales de Sudáfrica, entre ellos el emblemático Parque Nacional Kruger, obtienen casi el 70 % de sus ingresos de actividades relacionadas con el turismo (como tarifas de entrada, restaurantes, alojamiento y tarifas por concesiones).


En el África subsahariana, el arribo de más operadores ecoturísticos privados cuyas actividades giran en torno a la vida silvestre ha producido ganancias significativas en las zonas reservadas para actividades de conservación. Por ejemplo, en Sudáfrica, las reservas privadas actualmente abarcan más del doble de superficie que las reservas públicas.


Esto también ha influido directamente en la conservación de las especies. Los operadores turísticos deben ofrecer una experiencia que involucre a la vida silvestre pero que, al mismo tiempo, la proteja, ya que los turistas visitan estos lugares para ver a los grandes mamíferos.


Los habitantes locales también se han beneficiado con el ecoturismo. Esta actividad ha aumentado las oportunidades de empleo, mejorado el sustento y, en algunos casos, fortalecido comunidades enteras. Las áreas de conservación comunitarias, en Namibia, son un ejemplo de vínculo bien logrado entre la conservación del medioambiente y el desarrollo socioeconómico.


El ecoturismo también genera un cambio de actitud hacia la conservación del medioambiente. Estos cambios no solo se pueden observar en los mismos viajeros (que a veces participan en actividades voluntarias relacionadas con el turismo de conservación), las comunidades anfitrionas (donde se fortalece la labor de los guías locales y disminuye la caza furtiva), los operadores comerciales (que en ocasiones se transforman en operadores de turismo responsable), sino también en el gobierno (al producirse cambios en la legislación para apoyar iniciativas de turismo sostenible).


Pero no todo es un lecho de rosas. Es necesario enfrentar problemas críticos sobre la distribución equitativa de los beneficios y la transparencia de la participación de las comunidades locales. De todas maneras, se están dando pasos en la dirección correcta.


El turismo y, sobre todo, el ecoturismo, puede generar beneficios auténticos para las actividades de conservación, especialmente a nivel local. ¿Pero cómo podemos lograr que estos beneficios se trasladen al ámbito regional y mundial?


Podemos intentar que el turismo sea más sostenible tomando decisiones responsables a la hora de viajar. Una opción de uso generalizado para que nuestros viajes sean más “ecológicos” es la compra de compensaciones voluntarias de emisiones de carbono para contrarrestar las emisiones que se producen como consecuencia de los viajes. Sin embargo, estos programas no cuentan con apoyo unánime.


Las elecciones a la hora de viajar también pueden estar limitadas por la disponibilidad de opciones. Por ejemplo, muchos viajeros de la Unión Europea podrían trasladarse en tren sin inconvenientes, mientras que a los australianos les resultaría imposible abandonar los límites de su continente sin recurrir al transporte aéreo.


Sin embargo, para adoptar plenamente los valores del turismo responsable, no solo hace falta dar preferencia a los medios de transporte que generan menor impacto. También es necesario que reduzcamos nuestro impacto general. Se trata de cambiar nuestras actitudes y comportamientos. No solo deberíamos minimizar y mitigar el impacto potencial y generar beneficios duraderos en los destinos turísticos que elijamos, sino también al volver a casa.

 

Por lo tanto, cuando planifique su próxima aventura en la naturaleza, tenga en cuenta lo siguiente. ¿Qué tan grande es la huella que deja al viajar? ¿Puede llegar a su destino con un medio de transporte alternativo (por ejemplo, tren o autobús)? ¿Hay algún destino turístico local que todavía no haya explorado? ¿Hay alguna oportunidad de brindar apoyo a un proyecto de conservación local? ¿Puede usted formar parte de la solución?

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