La batalla del sector turístico contra el plástico ha comenzado

English text available at/Texto original en inglés disponible en: https://travelshift.com/travel-industry-battle-against-plastic/

 

10 de junio de 2018

 

El sector turístico tiene una gran deuda con la naturaleza. Si no fuera por los lugares de asombrosa belleza natural, las playas paradisíacas y los recónditos parajes salvajes, muchos de nosotros no tendríamos trabajo. Esto es lo que las personas disfrutan; lo que, entre otras cosas, hace que viajar valga la pena.


Por lo tanto, no cabe duda de que una de las prioridades del sector turístico sea que el entorno natural esté lo más saludable posible. Pero eso no siempre es fácil. Inevitablemente, los viajes implican contaminación. Entonces, a menos que se obligue a los turistas a viajar en bicicleta de un destino a otro, la contaminación es un factor que se debe tener en cuenta y mitigar. Los gobiernos ya están tomando medidas para reducir las emisiones peligrosas; por ejemplo, al fomentar el uso de vehículos eléctricos siempre que sea posible.


Sin embargo, otra de las facetas de la contaminación es la huella que los seres humanos dejan en los destinos turísticos que visitan: la basura, los residuos y, sobre todo, el plástico, que es lo más destructivo para la salud a largo plazo del medioambiente.


Los plásticos de un solo uso, como las bolsas de las compras y las pajillas que acompañan nuestras bebidas, son tal vez la personificación del consumismo globalizado. Su producción es relativamente económica, y son completamente desechables, pero no se degradan en el medioambiente. No desaparecen ni se desintegran. Por el contrario, ensucian las playas, perjudican a la vida silvestre, contaminan el agua y hacen que los animales que habitan nuestros océanos queden atrapados. Un millón de aves marinas muere cada año como consecuencia de la ingesta de plástico.


Esto no es beneficioso para un sector que depende de que la naturaleza permanezca tan pura e impoluta como sea posible.


Este año, la Unión Europea introdujo la primera Estrategia europea para el plástico en una economía circular, que se propone transformar la manera en que los productos plásticos se diseñan, utilizan, producen y reciclan en la UE. La mejora del diseño de los productos de plástico, el aumento de la tasa de reciclaje de los residuos plásticos y la mayor disponibilidad y calidad de los materiales resultantes del proceso de reciclaje ayudarán a las grandes empresas que utilizan estos productos a comportarse de manera más ecológica.


Pero, además de la toma de medidas por parte del gobierno para poner fin al uso del plástico y de los materiales no reciclables, ¿qué puede hacer el sector turístico? ¿Y qué pasos ya han dado las grandes empresas turísticas para procesar los residuos de manera más responsable?


Alaska Airlines marca el camino


Como era de esperarse, las empresas turísticas cuyos clientes buscan el contacto con la naturaleza son las que están iniciando la batalla a favor de la sostenibilidad. Por ejemplo, en unas semanas, Alaska Airlines se convertirá en la primera aerolínea de Estados Unidos en prohibir las pajillas de plástico en sus vuelos. Tan solo en 2017, la aerolínea distribuyó 22 millones de pajillas de plástico: esta cifra es, en sí misma, gigantesca.


El plan, en consonancia con la asociación que la aerolínea tiene con la organización benéfica Lonely Whale, es reemplazar los agitadores y las pajillas por agitadores de abedul y pajillas que no estén hechas de plástico. Además, la mayoría de sus jugos en caja serán reemplazados por latas de aluminio reciclable.


La propuesta forma parte de la iniciativa de sostenibilidad que inició Alaska Airlines y su objetivo principal de, para el año 2020, reducir el 70 por ciento de los residuos destinados al vertedero que cada pasajero genera durante un vuelo.


En palabras de Diana Birkett Rakow, vicepresidente de relaciones exteriores de Alaska Airlines: “Ya sea a través de la excelencia en el servicio o el liderazgo en materia de sostenibilidad, el interés por el bienestar de las personas y las comunidades es parte fundamental de nuestro ser”.


“Sin duda, volamos a algunos de los lugares más bellos del planeta, donde habitan muchas comunidades que dependen de la salud de los océanos. Nos entusiasma estar asociados con Lonely Whale para dar el siguiente paso en este viaje que es la sostenibilidad y ayudar a que los lugares que habitamos y hacia los que volamos se mantengan hermosos por muchos años más”.


Ryanair, otra conocida empresa de viajes, desea consolidar su reputación como la aerolínea más ecológica de Europa. La mayoría de las iniciativas de la empresa se centran en el significativo desafío que representan las emisiones de CO2, pero también incluyen una política sobre plásticos, que se anunció este año.


Como parte de su plan quinquenal de mejora continua “Always Getting Better”, la empresa se comprometió a prescindir del plástico para el año 2023. Después del anuncio, Kenny Jacobs, jefe de marketing de Ryanair, dijo: “Tenemos el inmenso agrado de anunciar nuestro plan medioambiental, que incluye el compromiso de eliminar de nuestras operaciones todos los productos de plástico no reciclables durante el transcurso de los próximos cinco años”.


“Para los pasajeros, esto se traducirá en iniciativas como el cambio a cubiertos de madera, el uso de tazas biodegradables y la eliminación de plásticos de nuestra línea de productos a bordo. También implementaremos un sistema para que los clientes puedan compensar la huella de carbono de su vuelo mediante donaciones voluntarias a organizaciones benéficas realizadas en línea”.


Hoteles que avanzan con sus iniciativas de reducción de residuos plásticos


Además de las aerolíneas, otras grandes empresas turísticas están tomando medidas para reducir los residuos plásticos y, en algunos casos, eliminarlos completamente. Por ejemplo, la extensa cadena de hoteles Hilton planea eliminar el uso de pajillas en sus 650 complejos de alojamiento de todo el mundo, así como las botellas plásticas de sus conferencias; todo para finales de 2018. Marriott International también tiene la intención de reducir el uso de productos plásticos reemplazando las pequeñas botellas que se encuentran en los baños de sus hoteles de América del Norte por dosificadores.


Simon Vincent, vicepresidente ejecutivo y presidente de Europa, Oriente Medio y África de Hilton, afirmó: “Como empresa líder mundial en hotelería, tenemos la enorme responsabilidad de defender nuestros recursos naturales y brindar apoyo a las comunidades en las que llevamos a cabo nuestras actividades. Por medio de nuestra estrategia de responsabilidad corporativa, Travel with Purpose, constantemente estamos buscando nuevas formas de reducir nuestro impacto ambiental. Extender la prohibición de pajillas de plástico en todas las propiedades que administramos es un paso importante en el camino correcto, que estamos comprometidos a seguir transitando en el futuro”.


Gracias a esta iniciativa de Hilton, se evitará que entren en circulación más de cinco millones de pajillas de plástico y 20 millones de botellas de plástico en Europa, Oriente Medio y África. En perspectiva, ese mismo número de pajillas, alineadas, superarían la extensión del río Sena.


Es lógico que las cadenas hoteleras tomen estas importantes medidas. Sus huéspedes tienen valores ambientales y de sostenibilidad. También tienen la responsabilidad moral de no producir residuos cuyas consecuencias afectarán principalmente a personas que, por razones económicas, jamás podrían hospedarse en alojamientos de ese tipo.


Sonu Shivdasani, director ejecutivo de Soneva Resorts, una pequeña cadena de hoteles de lujo que ya desde 2008 prescindió de los plásticos de un solo uso, dijo: “Al estar al servicio de tan solo el 30 por ciento más adinerado de la población mundial, los hoteles utilizan demasiados recursos naturales y, de esta manera, producen un impacto negativo en el otro 70 por ciento de la sociedad. Nuestro sector continúa utilizando muchos más recursos de lo que le corresponde.


Las empresas de cruceros se unen a la lucha contra el plástico


En ningún lugar el daño que produce el plástico es tan evidente como en los océanos. Las pajillas de plástico, por ejemplo, tardan 200 años en biodegradarse. Además, se estima que cada año se arrojan a los océanos ocho millones de toneladas de residuos plásticos.


Por este motivo, tiene mucho sentido que las empresas de viajes cuyas actividades dependen de los océanos tomen medidas para protegerlos. Como consecuencia, varias empresas de cruceros han comenzado a dar pasos en la dirección correcta.


Esta semana, la conocida empresa Royal Caribbean anunció que, para finales de este año, se dejarán de usar pajillas de plástico en las 50 embarcaciones que posee la empresa. Esta medida supera la política anterior de solo suministrar pajillas a los huéspedes que las solicitaran. El año que viene, los huéspedes que pidan pajillas recibirán pajillas de papel. Royal Caribbean también desea enfrentar el desafío que representan otros productos plásticos de un solo uso, como los envases para condimentos, las tazas y las bolsas que se emplean en sus embarcaciones.


Richard Fain, presidente y director ejecutivo de Royal Caribbean Cruises, dijo: “La salud de los océanos es fundamental para el éxito de nuestra empresa. Durante más de 25 años, mediante nuestro programa Save the Waves, hemos reducido, reutilizado y reciclado todo lo posible. Eliminar los plásticos de un solo uso es otro paso dentro del marco de ese programa”.


Y no son los únicos. Norwegian Cruise Line Holdings ha lanzado una iniciativa contra los productos de plástico. Este año, P&O Cruises y Cunard también anunciaron sus planes de erradicar los plásticos de un solo uso, entre ellos, las pajillas de plástico, las botellas de agua y los agitadores de todos los cruceros para el año 2022.


Impulsar el cambio desde la base


En todos estos ejemplos, se muestra cómo las grandes empresas turísticas están eliminando los productos de plástico de sus actividades cotidianas, lo cual es, sin duda, algo positivo. Pero para que haya cambios reales, se debe comenzar desde abajo. Es necesario que se produzca un cambio de mentalidad entre los viajeros y que se reconozca abiertamente el daño que somos capaces de causar a la naturaleza.


Para llegar al lugar donde este cambio ya ha comenzado, debemos trasladarnos, literalmente, tan lejos del océano como sea posible: al monte Everest.


La montaña más alta es, como era de esperarse, un destino turístico sumamente popular. Cada año, 100 000 personas (principalmente amantes del turismo de aventura) visitan la región y contribuyen a que el camino al campamento base del monte Everest sea uno de los más concurridos del mundo. Como si esto fuera poco, aproximadamente mil personas pasan anualmente por el campamento base de la montaña para intentar llegar a la cima.


En un artículo reciente publicado en The Guardian, Ben Fogle, periodista dedicado a la naturaleza, describe haber quedado atónito ante la limpieza del monte Everest durante un ascenso reciente que realizó a la cima de la montaña.


A lo largo de los años, el monte Everest se ha granjeado la reputación de haberse convertido en una especie de vertedero. Los alpinistas y los excursionistas no tienen dónde deshacerse de sus residuos y de los suministros que ya utilizaron; por lo tanto, acaban arrojándolos a un lado, en especial cuando las condiciones climáticas cambian rápidamente y los obligan a continuar avanzando.


Sin embargo, durante estos últimos años, las agencias locales han unido fuerzas con los alpinistas y los sherpas para ayudar a limpiar la montaña y extraer las toneladas de plástico que, según se cree, eran parcialmente responsables del desencadenamiento de peligrosas avalanchas.

Si bien esta tarea todavía no ha concluido, el monte Everest es prueba de que, incluso en los lugares más inaccesibles y salvajes, podemos enmendar el daño producido por las actividades turísticas que no son ecológicas ni sostenibles.


En palabras de Fogle: “He visitado varios de los destinos turísticos naturales más populares del mundo y puedo decir que los habitantes de Nepal deberían estar orgullosos. Es un ejemplo de cómo los seres humanos pueden reparar el daño que causaron. A medida que nuestra atención se centra en los océanos y la tarea aparentemente imposible de restaurar el hábitat marino, lo ocurrido en el monte Everest bien podría servirnos de modelo para rectificar nuestras acciones”.


Un largo camino por recorrer


Según un artículo publicado en The New York Times, “Muchos hoteles de lujo, aerolíneas y empresas de cruceros (tristemente célebres debido a su elevada huella de carbono y a la cantidad de desechos que arrojan al océano) todavía no han hecho lo suficiente para reducir los plásticos de un solo uso, como botellas, envoltorios para pantuflas e hisopos de plástico, que acaban en los mismos océanos y las mismas playas que sus huéspedes han venido desde muy lejos a disfrutar”.


“Es sorprendente que el sector turístico no muestre mayor liderazgo en materia de prácticas sostenibles”, dijo a The New York Times Clark Mitchell, ex editor de la revista Travel & Leisure y actual director de The Band Foundation, una organización de beneficencia dedicada a la conservación.


“Las personas se embarcan en un crucero para ver islas paradisíacas, aguas cristalinas y hermosas playas. A estas empresas les conviene que los lugares de este tipo se mantengan impolutos. Aun así, los plásticos de un solo uso, como las pajillas, están dondequiera que los viajeros miren: en las bebidas que les venden, en el agua y en la playa”.


Inspirar a la próxima generación


El sector turístico debe desempeñar un papel importante en la lucha contra los plásticos de un solo uso. Si bien las empresas pueden tomar medidas a nivel individual para reducir sus desechos plásticos y alentar a sus clientes a respetar el medioambiente, sabemos que, para que el mundo sea sostenible, es necesario que sus habitantes se comporten de la misma manera. Por lo tanto, lo que se necesita en última instancia es un cambio de mentalidad. Debemos pensar diferente sobre cómo tratamos al medioambiente cuando viajamos. Por fortuna, viajar es una alternativa sencilla para inspirar ese cambio de mentalidad. Alentar a las personas a viajar y explorar el mundo es la mejor manera de motivarlas para que lo protejan.


Probablemente, este sea el motivo por el que hemos presenciado el crecimiento del ecoturismo como un sector independiente. Los viajeros a los que les preocupa el cuidado del medioambiente están comenzando a exigir viajes que combinen actividades de conservación con turismo y exploración. Quizá necesitamos encontrar una manera de trasladar esta actitud a los viajes convencionales. Así como a los alpinistas que escalan el monte Everest se les pide que recojan cualquier desecho que encuentren en su camino, tal vez todos deberíamos comenzar a dar pequeños pasos para ayudar a que el turismo sea una actividad viable y placentera para las generaciones futuras.

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